OCÚPATE DE TUS PROPIOS ASUNTOS


Sólo puedo encontrar tres tipos de asuntos en el universo: los míos, los tuyos y los de Dios. (Para mí, la palabra Dios significa «realidad». La realidad es Dios, porque gobierna. Todo lo que escapa a mi control, al tuyo y al de cualquier otra persona es lo que yo denomino «los asuntos de Dios».) Buena parte de nuestras tensiones proviene de vivir mentalmente fuera de nuestros asuntos. Cuando pienso: «Necesitas encontrar un trabajo, quiero que seas feliz, deberías ser puntual, necesitas cuidar mejor de ti mismo», me estoy inmiscuyendo en tus asuntos. Cuando me preocupo por los terremotos, las inundaciones, la guerra o la fecha de mi muerte, me estoy inmiscuyendo en los asuntos de Dios. Si mentalmente estoy metida en tus asuntos o en los de Dios, el efecto es la separación.

Si tú estás viviendo tu vida y yo estoy viviendo mentalmente tu vida, ¿quién está aquí viviendo la mía? Los dos estamos ahí. Ocuparme mentalmente de tus asuntos me impide estar presente en los 3 míos. Me separo de mí misma y me pregunto por qué razón mi vida no funciona. Pensar que yo sé lo que es mejor para los demás es estar fuera de mis asuntos. Incluso en nombre del amor, es pura arrogancia y el resultado es la tensión, la ansiedad y el miedo. ¿Sé lo que es adecuado para mí? Ese es mi único asunto.

Si comprendes los tres tipos de asuntos lo bastante para ocuparte de los tuyos propios, este conocimiento puede liberar tu vida de una manera que ni siquiera eres capaz de imaginar. La próxima vez que sientas tensión o incomodidad, pregúntate de quién son los asuntos en los que te ocupas mentalmente, ¡y quizás estalles en carcajadas! Esa pregunta puede devolverte a ti mismo. Tal vez llegues a descubrir que, en realidad, nunca has estado presente y que te has pasado toda la vida viviendo mentalmente en los asuntos de otras personas. Y si practicas durante un tiempo, quizá descubras que en realidad no tienes ningún asunto y que tu vida funciona perfectamente por sí misma .
un abrazo y mucha luz
Paola

SINCRONICIDAD, LA MAGIA DE LA VIDA

“La incertidumbre de las cosas no despierta miedo en quien está en la conciencia de la unidad, pues está seguro de si mismo. La voz de la verdad interior dice: abrazo a lo desconocido porque me permite ver nuevos aspectos de mi mismo”....

Sincronicidad
es un término originariamente acuñado por Jung que se refiere a la unión de los acontecimientos interiores y exteriores de un modo que no se puede explicar pero que tiene sentido para el observador, es decir, ese tipo de eventos en nuestra vida que solemos achacar a la casualidad, a la suerte, o a la magia.

¿has experimentado alguna vez el placer de encontrar a la persona exacta que necesitabas aparecida de la nada?,¿o recibiste la llamada de alguien del pasado de la que apenas unas horas antes te habías acordado sin motivo aparente?, ¿o ese libro que encontraste al azar que responde a la duda que te tenía bloqueado?. La sincronicidad nos representa en el plano físico la idea o solución que mora en la mente de la manera más fácil y sin apenas esfuerzo. Se trata de vivir el mayor tiempo posible en ese “fluir” que hace que la vida parezca una aventura permanente, un viaje de descubrimiento constante sobre uno mismo, sobre los demás y el universo. Decir sincronicidad es lo mismo que decir magia.

Hay unas condiciones óptimas de manifestación, un estado mental propicio para que puedan producirse y son los momentos personales intensos que nos obligan a estar muy pendientes de las señales del exterior, los momentos en que buscamos ayuda por intensas vivencias o crisis emocionales, los cambios bruscos, los viajes, los momentos de peligro, las muertes de seres queridos. Los momentos en que nos olvidamos de la seguridad, de lo conocido y trillado, del plan establecido, de lo que se supone que debemos hacer, son los que nos sumergen en un estado de alerta y apertura perfectos para ser consciente de esa dimensión simbólica de la vida que es la que al final nos da la clave no sólo para la solución de nuestros problemas, sino para hallar nuevas maneras de vivir intensa y conscientemente.

La fé juega en esto un importante papel, la fé en uno mismo, en la fuerza creativa del universo que nos guia exactamente a dónde queremos llegar, la certeza de que si existe un miedo que nos bloquea, también hay un amor que nos motiva a experimentar más allá de lo conocido; pero hemos de elegir la aventura y no el hastío. Somos lo que pensamos, y experimentaremos esa magia sólo si antes le damos la oportunidad creyendo en ella y invitándola a jugar en nuestras vidas.

Esos momentos difíciles o especiales nos han puesto en ese estado de apertura y recepción, de nosotros depende que sigamos en esa actitud de aceptación de esa fuerza universal que parece saber exactamente lo que precisamos y nos lo brinda generosamente. No es ver para creer sino creer para ver, pues lo que hay en nuestra mente es lo que hace que nos atraigan y que nos veamos atraídos hacia lo que es análogo. Esa es la manera en que todo se agrupa.

La simbología y el sentido de estos acontecimientos nos da el mensaje exacto que el universo representa para nosotros igual que si fuera una sesión de cine particular. Las ideas poseen una vibración, a otros niveles tienen forma y color que hace que atraigan lo análogo. Al atraer lo que se le asemeja podemos leer en la materia lo que realmente pensamos sobre nosotros mismos y del universo, y tomar decisiones sobre lo que deseamos ver convertido en realidad y lo que no.

Pero entonces me dirias ¿y porque no vivimos permanentemente en ese estado idílico en el que todo se resuelve, en el que la información fluye, en el que si fuera verdad seríamos como pequeños dioses creando lo que se nos antojara?. Pues siempre depende de que en la mente haya mensajes positivos, y emociones bondadosas en el corazón.

1.- El estado fluido es de muy elevada vibración y de una conexión intensa de mente y corazón, es decir, que el sentimiento es el que nos lleva a hacer tal o cual cosa,
es el que - valga la redundancia- da “sentido” a la vida. El sentimiento nos conecta directamente con el alma de las cosas y el pensamiento debe de contenerlo y construir sobre él pero nunca dejar de amarlo.

Normalmente experimentamos desde la idea preconcebida y decidimos luego que sentir por ella, emitimos un juicio antes de que la realidad se presente y hace que no veamos lo que es, sino lo que queremos ver, y la magia se desvanece bajo el peso de la razón sin sentimiento por el miedo a lo desconocido. El miedo y la duda corta el flujo instantáneamente.

2.- El estado fluido está en permanente movimiento.
Cada pieza del puzzle aparece en el preciso momento con la condición de pillarnos conscientes, despiertos, alertas y deseosos de recibirlas. Es como un juego en el que las reglas se van desvelando a medida que avanzamos. Las piezas nos vienen en forma de señales y analogías en la vida real y en forma de sueños mientras dormimos. El desentrañar el significado de esas señales es como aprender a descifrar las instrucciones del mapa del tesoro.

Las actitudes derrotistas, la negatividad que lleva al cansancio, a la rutina, a desear recibir constantemente en lugar de darse a uno mismo y a los demás, generan estados de bloqueo e inactividad. Para ver las señales hemos de hallarnos en camino.

3.- Fluir es confianza, certeza en las propias posibilidades y en las de la corriente creativa del universo.
Fluir significa trabajar por ese estado positivo interior que nos mantiene protegidos y dispuestos a abrirnos a nuevas experiencias y milagros. Mientras nuestro discurso interno (y externo) sea “creo”, “puedo”, “confío”, “busco y encuentro”, “resuelvo”, “disfruto”, “es posible” “si y además” y “me gusta”, todo irá bien sin ninguna duda.

Habitualmente los miedos, dudas y la falta de información de lo que realmente somos capaces y de nuestra verdadera misión en la vida nos bloquean y retrasan en el camino.
Nos hacen mirar al pasado con resentimiento y al futuro con cierto recelo. Aparecen los que yo llamo los “isidoros” (¿y si me pasa esto o y si me equivoco?), los “esques” (es que no sé, ya lo intenté pero...), los “siperos” y “noperos”, los “nopuedos”, los “estoesimposible”, y los “esdifícil”, “estoesloquehay”, “nohayotraopción” y demás programación negativa. Si eso hay en la mente, eso es lo que se materializará.

4.- Fluir no sabe de retenciones y por lo tanto tampoco del uso de la fuerza,
no es tanto vencernos sino convencernos, motivarnos y dirigirnos hacia lo que deseamos ver convertido en realidad. La reina de la fluidez, el agua, nunca se esfuerza demasiado en nada, busca siempre la salida hacia el mar.

Es muy común perdernos en luchar contra lo que queremos ver desparecer, lo que lo hace mucho más grande. Transformar el muro en escalera para lograr ver el otro lado suele ser mejor solución que darnos de cabezazos contra él.

5.- Fluir es seguir fielmente la voz de la intuición y comprometernos con ella; trabajarla hasta que sepamos distinguirla perfectamente de otras voces. ¿y como saber lo que es intuición de la voz del Ego?. Igual que el amor es el polo opuesto del temor, la intuición que viene de nuestro Ser interno es el polo opuesto de la voz del ego que nos habla. Son lo mismo, sólo que un polo es guiado por el amor y el otro por el temor.

La intuición soluciona siempre para el mejor bien de todos, habla bajito, viene en el momento oportuno y en sus ideas hay certeza y tranquilidad, nunca ataca a nadie, y se mantiene en el presente. Es el amor dentro de nosotros el que habla, lo que significa que se presenta en momentos de intensa conexión interna, cuando nos sentimos entregados a la vida. Sus soluciones son perfectas para ese momento. Suele ir seguida de un racional “ que tonterías se me ocurren” y la dejamos pasar.

El ego habla alto y es repetitivo hasta la saciedad. Tiene miedo y se defiende, sus ideas suelen ser del tipo ataque o huida, repasa sin cesar el pasado y va creando expectativas de futuro. Es el que tiene miedo el que se comunica, y por tanto sus soluciones nunca son definitivas y las situaciones se repiten de nuevo. Curiosamente estamos más prestos a creer en éste otro por ser lo conocido, lo que nos lleva a perder la oportunidad de experimentar la magia de vivir en la incertidumbre. Aprendiendo a amarlo, educándolo en la confianza y uniéndonos a él comienza la transformación interna. La guerra debilita, ¡la unión hace la fuerza!

un abrazo y mucha luz
EL CUERPO Y SU NATURALEZA

y Dios creó al Hombre,
…en cada minuto del día y de la noche
… en cada bebé que nace
… la Creación se manifiesta
… la belleza renace sobre la Tierra.


La Naturaleza crea a los seres humanos bellos, perfectos e idénticos en lo esencial de sus estructuras.

Cada uno de nosotros tiene una belleza especial, no según los caprichos del momento sino según las propias leyes de la Naturaleza.


Con frecuencia no confiamos en la Naturaleza, creemos que nuestro deber es corregirla, vigilarla, así creamos deformaciones en el cuerpo que se convierten en dolores y bloqueos.


Estamos programados para la belleza, el cuerpo conserva para siempre la memoria de su forma ideal, a pesar de las distorsiones que creamos, los músculos siguen siendo maleables y durante toda la vida tienen la capacidad de liberarse y aproximarse a la forma perfecta.


Lo adquirido incide más que lo heredado. Las costumbres familiares y en especial el mimetismo, deforman los cuerpos con mayor frecuencia.

En nuestro cuerpo, las paredes son nuestros músculos que todo han oído y nada han olvidado. En cada uno de ellos, en la espalda, el cuello, las piernas, el diafragma, la cara, se encuentra registrada toda nuestra historia desde el nacimiento hasta el día de hoy.

Nacimos con un cuerpo armonioso, flexible, alegre y desde los primeros meses de vida reaccionó a las presiones familiares, sociales, morales, así nuestro cuerpo fue sustituyéndose por otro cuerpo, muchas veces lo sentimos como extraño, lo descuidamos, no lo nutrimos adecuadamente, somos reticentes para aceptarlo y hasta en nuestro interior lo rechazamos. El cuerpo para conformar tuvo que deformarse

… “Cómo es adentro es afuera y… como es afuera es adentro”.


A veces es mas fácil comenzar cambiando la imagen, lo externo, pero esto al poco tiempo trae insatisfacciones, por eso es necesario liberarse de las programaciones del pasado para hacerse cargo del propio cuerpo y descubrir todo su potencial.

Vivir significa nacer continuamente.
Es necesario encontrar las llaves de nuestro cuerpo, tomar posesión de él y habitarlo.

Tomar conciencia, escuchar las sensaciones, los mensajes sutiles y variados del cuerpo, nutrir adecuadamente nuestras células y abrir el acceso a la totalidad del propio ser, para recuperar la autonomía, la vitalidad, la salud, la unidad.


…”Nuestro cuerpo es nosotros mismos.
Es necesario conocerse a sí mismo y aceptar la responsabilidad de conocerse mejor que nadie
Es tiempo de tomar conciencia de la relación entre el Todo que es el Cuerpo y el Todo que es el Universo, entre el movimiento continuo de los órganos del cuerpo y el movimiento de la tierra y el sol .
Nuestro cuerpo sin esperar consentimiento de la “inteligencia” reconoce las leyes cósmicas y se somete a ellas.
Cuando hayamos comprendido como nuestro cuerpo vive su vida, nos mostraremos quizá dispuestos a ayudarle a funcionar lo mejor posible, cuidándolo y asistiéndolo por métodos que tomen en cuenta su relación con la Naturaleza…”

un abrazo y mucha luz.
Paola
LA NEUROSIS DEL FRACASO

A veces, es el mismo árbol el que no nos deja crecer…

Para comenzar con el tema, podríamos plantearnos cuántas de estas 33 frases (o parecidas) hemos escuchado de nuestros padres, de forma más o menos explícita:


☐ Todos somos de este partido político, ¡y tú me sales con esas!

☐ Desde que te fuiste estoy peor de salud

☐ Sin ti no puedo hacer la vida de antes

☐ ¿Qué haces ligada con un hombre de otra raza?

☐ Somos de la extrema izquierda y tú de la ultraderecha

☐ Somos carniceros, ¿y tú quieres ser artista?

☐ ¿Cómo puedes hacer pareja con alguien del sur?

☐ En mala hora llegaste al mundo…

☐ Te fuiste de la casa, hace tres generaciones que estamos aquí.

☐ Nos has traicionado, todo lo que nos pase será tu culpa

☐ Nos abandonas ahora que te necesitamos

☐ Por quedarme embarazada de ti, tuve que dejar el trabajo

☐ Desde que naciste tenemos más gastos, no nos llega…

☐ Cuidado con sacarte un novio ateo o lo perderás todo

☐ Me puse a trabajar por tu causa

☐ Fuiste una cruz para mí

☐ Las mujeres de esta familia no somos fogosas, contente

☐ Me divorcié por tu bien

☐ Sacrifiqué mi vida por ti

☐ Somos católicos y tú te hiciste budista

☐ Las creencias de tu mujer no nos gustan, no tiene nada que ver con las nuestras

☐ Tú no puedes independizarte

☐ Ese lugar al que te vas a vivir no te conviene

☐ No eres nadie para dejarnos de esta manera

☐ Tú lugar está aquí, cerca de nosotros

☐ Quisimos estudiar y no pudimos, así que tú tampoco

☐ Esta familia y el dinero no son buenos amigos

☐ Deberías de haber nacido de otro sexo (te esperábamos niña y naciste niño-te esperábamos niño y naciste niña)

☐ No eres gentil, eres perezoso, me decepcionaste..

☐ Eres demasiado lento, (o eres demasiado nervioso), nada que ver con nosotros

☐ Te esperábamos rubio y con ojos azules y mira…

☐ No eres tan inteligente como esperábamos…

☐ Viniste a destiempo, por tu culpa dejé mis estudios


Hay personas que quieren realizarse, pero fracasan en el intento

Puede suceder que en nuestro interior habiten dos personalidades…cuando queremos hacer, y en nuestro interior hay una voz que dice: “¡No hagas!”, y cuando no quieres hacer, esa voz nos dice: “¡Haz!”. En el fondo, esa constante contradicción se resume en el binomio: “Quiero ser adulto, pero quiero quedarme niño”.

¿Cómo es posible?

A veces ese continuo “no realizarse” obedece a una suerte de lealtad a nuestros padres…

¿Cómo aparece la neurosis de fracaso?

Al niño se le inculca que tiene que ser como sus padres, de lo contrario será considerado como un traidor o un enfermo. Recién nacido los dos linajes (el materno y el paterno) tratan de apropiárselo. Comentan que se parece a la madre, o al padre, incluso a un abuelo o abuela.

Con silencios envenenados se le repite:
“Es malo no parecerse a nosotros”
“Es malo realizar lo que nosotros no pudimos lograr”
“Es malo entregarse a aquello que nosotros no nos atrevimos a desear”
“Es malo haber nacido porque te convertiste en una carga”
“Es malo que no te sacrifiques por nosotros porque nosotros nos sacrificamos por ti”

“En resumen: es malo que quieras ser tu mismo”

¿Cómo detectamos esta neurosis en alguien que se siente frustrado?

Tiene una neurosis de fracaso si cada vez que emprende una tarea no la puede terminar; si cada vez que triunfa en algo se las ingenia para convertir este triunfo en fracaso; si cada vez que logra formar una pareja de su agrado acaba provocando conflictos que llevan a la separación; si lo persigue un incomprensible sentimiento de culpa; si constantemente se siente inconforme consigo mismo; si a pesar de tener talento, por más que lo intenta no puede triunfar…

Enumeremos las causas:

Alejandro Jodorowsky enumera seis motivos. Él mismo dice que cuando un consultante se queja de que nunca puede terminar lo que comienza, o se angustia pensando en que puede tener éxito, le pregunta cuál de estas seis causas principales de una neurosis de fracaso ha padecido. Puede ser que sea una, varias, o todas.

1.- Haber sido una carga para la familia
El bebé nace en una situación económica muy dramática, o es engendrado por accidente, o llega a una familia demasiado numerosa, o la madre se vio obligada a renunciar a su realización para cuidarlo, o sus padres se vieron obligados a casarse por su causa…


2.- No haber sido lo que los padres querían que fuera
Deseaban una niña y llegó un niño. Lloraba tanto que, exhaustos de que no nos dejaras dormir, nos daban ganas de matarte. Resultaste muy caprichoso…


3.- Haber traicionado las creencias familiares
Para que el clan sobreviva, se pide al niño que comulgue con las ideas y creencias de la familia. Luego cuando crece, si cambia de ideas por otras que le convengan más, la familia lo repudiará. Algo que lo conducirá de forma inconsciente hacia una culpabilidad…

4.- Haberse marchado o cortado con la familia.
Sucede en familias neuróticas, incestuosas y narcisistas, donde se dice: “Te hemos dado nuestra energía, nuestro tiempo. Ahora que te vas, ¿qué va a ser de nosotros? Si te dimos la vida fue para que, más tarde, tú te ocuparas de nosotros”

5.- Realizar lo que los padres desearon pero no pudieron conseguir
Hay padres que dicen a un hijo: “Queremos que te realices, que obtengas lo que nosotros no pudimos obtener, pero si así lo haces, vas a destronarnos, a atentar contra los principios del clan. Te hemos amado porque eres como nosotros: si te diferencias dejaremos de amarte”

6.- Sexualidad infantil reprimida
Si los padres consideran el placer sexual como un pecado y castigan a sus hijos cuando éstos muestran curiosidad sexual o juegan con esas partes que la educación religiosa considera como pudendas…Provoca en los pequeños la culpabilización de cualquier placer (también el sexual): entre otros, el de tener éxito en las tareas que emprende.

¿Hay algún acto psicomágico para acabar con la neurosis de fracaso?

Sabemos que para cada caso en concreto se puede requerir un acto específico, pero hay uno que Alejandro Jodorowsky recomienda con frecuencia en los casos de neurosis de fracaso. Se trata de la confrontación con los padres.

Para empezar es recomendable:

a)Elegir un lugar neutro

b)Aceptar desde el principio que no pedimos que las personas cambien, la reparación se hace directamente al ser esencial de la otra persona, aceptar que esa persona te dará lo que tú le pides o no te lo dará; si ella no te lo da, el cosmos te lo dará.

c)Para hacer la confrontación con personas que han muerto, lo podemos hacer en su tumba, y siempre acabar de forma positiva.

El encuentro de confrontación se desarrolla en base a cinco puntos trabajados previamente y con los que se confecciona un guión que sirva de guía en el acto:

1º-Esto es lo que me has hecho…
2º-Esto es lo que sentí…
3º-Esto es lo que produjo en mi vida…
4º-Esto es lo que sigo padeciendo…
5º-Esta es la REPARACIÓN que me debes….

un abrazo y mucha luz

Paola
INTIMIDAD,EL GRAN DESAFÍO

Estar en contacto íntimo no significa abusar de los demás ni vivir feliz eternamente.
Es comportarse con honestidad y compartir logros y frustraciones.
Es defender tu integridad, alimentar tu autoestima y fortalecer
tus relaciones con los que te rodean.
El desarrollo de esta clase de sabiduría es una búsqueda de toda la
vida que requiere entre otras cosas mucha paciencia.
Virginia Satir


Toda relación íntima en la que podemos abrirnos y lograr encuentro y entrega pertenece
a las cosas más gratificantes que podamos vivenciar; buscamos en ella contacto, amor, intimidad, porque son estas las situaciones que más nos enriquecen, las que nos hacen sentir vivos, las que nos llenan de fuerza y de ganas.
La paradoja empieza cuando nos damos cuenta de que al mismo tiempo son justamente estas relaciones las que nos provocan mayor sufrimiento y mayor dolor, muchísimo más que ninguna otra.Cuando nos abrimos a la intimidad, al amor, al encuentro, nos exponemos también a sufrir y a sentir dolor.


La fuerza que naturalmente nos empuja a dejarnos llevar por nuestras emociones y a generar el encuentro se enfrenta con la natural tendencia a cuidarnos para no sufrir, porque intuimos, con certeza, que si nos abrimos a una persona esto le concederá al otro la posibilidad de herirnos.Todos tenemos una personalidad, una coraza que no quiere tomar ese riesgo de ser lastimado y por lo tanto se cierra.
Amor e intimidad solo pueden darse cuando nos abrimos presentes a alguien; pero esto es imposible si estamos con la armadura puesta, encerrados en nuestro castillo o escondidos en nuestra estructura.
Tampoco es cuestión de descartar esta personalidad; la hemos construido para poder enfrentarnos a algunas dificultades de la vida. La idea es observarla, conocerla y darnos cuenta cuando nos juega en contra interrumpiendo el contacto verdadero.
Este es el trabajo que propongo: observar nuestra manera especial de ser en el mundo, ser conscientes de los roles en los que nos hemos quedado fijados.


La paradoja continúa porque no hay mejor oportunidad que esta
relación íntima para volver a encontrarnos y para deshacernos de
nuestras máscaras habituales.
Así, muchas veces, terminamos resolviendo esta paradoja evitando el sufrimiento,
impidiéndonos el amor y privándonos del encuentro íntimo.
En nuestro intento de decir no al dolor decimos no al amor.
Y lo que es peor, nos decimos no a nosotros mismos.


Un abrazo y mucha luz

Paola

EL AMOR A UNO MISMO


Si yo no pienso en mí, quién lo hará.
Si pienso sólo en mí, quién soy.
Si no es ahora, cuándo.
(del Talmud)

Autoestima y egoísmo son tomados generalmente como términos antagónicos, aunque ambos comparten un significado muy emparentado:la idea de quererse, valorarse, reconocerse y ocuparse de sí mismo.

Cuenta una vieja historia que había una vez un señor muy poco
inteligente al que siempre se le perdía todo. Un día alguien le dijo:
Para que no se te pierdan las cosas, lo que tienes que hacer es anotar dónde las dejas.

Esa noche, al momento de acostarse, agarró un papelito y pensó:
“Para que no se me pierdan las cosas...”
Se sacó la camisa, la puso en el perchero, agarró un lápiz y anotó:
“la camisa en el perchero”; se sacó el pantalón, lo puso a los pies
de la cama y anotó; se sacó lo zapatos y anotó: “los zapatos debajo de la cama”;
y se sacó las medias y anotó: “las medias dentro de los zapatos debajo de la cama”.

A la mañana siguiente, cuando se levantó, buscó las medias
donde había anotado que las dejó y se las puso, los zapatos donde estaban anotados,
los encontró y se los puso; lo mismo sucedió con la camisa y el pantalón.
Y entonces se preguntó:
—¿Y yo dónde estoy?

Se buscó en la lista una y otra vez y, como no se vio anotado, nunca más se encontró a si mismo.
A veces nos parecemos mucho a este señor estúpido.
Sabemos dónde está cada cosa y cada persona que queremos,
pero muchas veces no sabemos dónde estamos nosotros.
Nos hemos olvidado de nuestro lugar en el mundo.
Podemos rápidamente ubicar el lugar de los demás, el lugar que los demás tienen en nuestra vida, y a veces hasta podemos definir el lugar que nosotros tenemos en la vida de otros, pero nos olvidamos de cuál es el lugar que nosotros tenemos en nuestra propia vida.
Nos gusta enunciar que no podríamos vivir sin algunos seres queridos.
Yo propongo hacer nuestra la irónica frase con la que sintetizo mi real vínculo conmigo. No puedo vivir sin mí.

La primera cosa que se nos ocurre hacer con alguien que queremos es cuidarlo,ocuparnos de él, escucharlo, procurarle las cosas que le gustan, ocuparnos de que disfrute de la vida y regalarle lo que más quiere en el mundo llevarlo a los lugares que más le agradan, facilitarle las cosas que le dan trabajo,ofrecerle comodidad y comprensión.

Cuando el otro nos quiere, hace exactamente lo mismo.Ahora ,me pregunto:
¿Por qué no hacer estas cosas con nosotros mismos?
Sería bueno que yo me cuidara, que me escuchara a mí mismo,
que me ocupara de darme algunos gustos, de hacerme las cosas más fáciles,
de regalarme las cosas que me gustan, de buscar mi comodidad en los lugares donde estoy,
comprarme la ropa que quiero, de escucharme y comprenderme.
Tratarme como trato a los que más quiero.

Pero, claro, si mi manera de demostrar mi amor es quedarme a merced del otro, compartir las peores cosas juntos y ofrecerle mi vida en sacrificio, seguramente, mi manera de relacionarme conmigo será complicarme la vida desde que me levanto hasta que me acuesto.

El mundo actual golpea a nuestra puerta para avisarnos que este modelo que cargaba mi abuela,
(la vida es nacer, sufrir y morir) no solo es mentira, sino que además está malintencionado,
(le hace el juego a algunos comerciantes de almas).
Si hay alguien que debería estar conmigo todo el tiempo, ese alguien soy yo.
Y para poder estar conmigo debo empezar por aceptarme tal como soy.
Y no quiere decir que renuncie a cambiar a través del tiempo.
Quiere decir replantear la postura. Porque frente a alguna característica de mí que no me guste
hay siempre dos caminos para resolver el problema.

El primero, el más común, es la solución clásica: intentar cambiar.
El segundo camino
, el que propongo, es dejar de detestar esa característica y cómo
única actitud permitir que, por sí misma, esa condición se modifique.

Incluso para cambiar algo el camino realmente comienza cuando dejo de oponerme.Nunca voy a adelgazar si no acepto que estoy gorda.
La teoría paradojal del cambio dice que solamente se puede cambiar algo cuando uno deja de pelearse con eso.

Y si mi relación conmigo me condiciona tanto por dejar de vivir forzándome a ser diferente, imaginemos cómo condiciona mi relación con los demás al creer que ellos tienen que cambiar.
Uno de los aprendizajes al hacer en el camino del encuentro es justamente la aceptación
del otro tal como es.Y eso solo es posible si antes aprendí a aceptarme.
Enojarse con el otro por cómo es significa que, para que yo pueda quererlo,tiene que ser como yo quiero que sea.

Si tu amiga es impuntual y la esperas una hora cada vez que te citas con ella, no te enojes
¿Quién te obliga a esperarla? Cuando yo espero a alguien que es usualmente impuntual,
la razón de mi espera es por que elijo esperarlo y no por que él llegó tarde.
¿Debo hacer responsable al otro de mis propias decisiones?
Ser adulto significa hacerse responsable de la vida que uno lleva,
saber que las cosas que uno vive en gran medida las vive por que se ocupa se que así sea y,
a partir de allí animarme a quererme incondicionalmente, por egoista que parezca.


un abrazo y mucha luz
Paola

LA AUTODEPENDENCIA

Segunda parte.


¿Qué quiere decir autodependencia?

Supongamos que yo quiero que Fernando me escuche, que me abrace, que esté conmigo porque hoy no me basto conmigo.

Y Fernando no quiere. Fernando no me quiere.

Entonces, en lugar de quedarme llorando, en lugar de manipular la situación para obtener lo que él no quiere darme, en lugar de buscar algún sustituto (que me necesite, que me tenga lástima, que me odie, que me tema), en lugar de ese recorrido, quizás pueda preguntarle a María Inés si no quiere quedarse conmigo.

Yo no me basto pero tampoco dependo de Fernando, sino de mí. Yo sé qué necesito y si él no quiere, quizás María Inés...


Esto es la autodependencia. Saber que yo necesito de los otros, que no soy autosuficiente, pero que puedo llevar esta necesidad conmigo hasta encontrar lo que quiero, esa relación, esa contención, ese amor...

Y si Fernando no tiene para mí lo que necesito, y si María Inés tampoco, quizás yo pueda seguir buscando hasta encontrarlo.

¿Donde sea?
Sí, donde sea.

Autodepender significa establecer que no soy omnipotente, que me sé vulnerable y que estoy a cargo de mí.

Yo soy el director de esta orquesta, aunque no pueda tocar todos los instrumentos. Que no pueda tocar todos los instrumentos no quiere decir que ceda la batuta.

Yo soy el protagonista de mi propia vida. Pero atención:
No soy el único actor, porque si lo fuera, mi película sería demasiado aburrida.

Así que soy el protagonista, soy el director de la trama, soy aquel de quien dependen en última instan-cia todas mis cosas, pero no soy autosuficiente.
No puedo estructurarme una vida independiente porque no soy autosuficiente.

La propuesta es que yo me responsabilice, que me haga cargo de mí, que yo termine adueñándome para siempre de mi vida.

Autodependencia significa dejar de colgarme del cuello de los otros. Puedo necesitar de tu ayuda en algún momento, pero mientras sea yo quien tenga la llave, esté la puerta cerrada o abierta, nunca estoy encerrado.

Me sé dependiente, pero a cargo de esta dependencia estoy yo.
Autodependencia es, para mí, sinónimo de salud mental.
Del afuera necesito, por ejemplo, aprobación.
Todos necesitamos aprobación.
Autodependencia significa contestarse las tres preguntas existenciales básicas:

Quién soy, adónde voy y con quién.
Pero contestarlas en ese orden.

Cuidado con tratar de decidir adónde voy según con quién estoy. Cuidado con definir quién soy a partir de quién me acompaña.

Al nacer, sólo somos seres humanos. Este temperamento, que al principio es idéntico o parecido a millones de otros, con la experiencia, la historia personal, nos transforma en el individuo que cada uno de nosotros va a ser.

Individuo quiere decir indiviso, alude a la unidad que cada uno de nosotros es, pero también quiere decir único, en el sentido de especial.

Seres humanos somos todos “de nacimiento”, y como seres humanos tenemos ciertas características comunes: un corazón con dos aurículas, dos ventrículos, un cerebro, etc. Pero como individuos, hay cosas que son únicas y nos pertenecen a nosotros.

El proceso de crecimiento implica la toma de conciencia de

la interacción entre este temperamento y la realidad para transformar mi manera de ser en una manera particular de ser, en una manera individual de ser.
Nos vamos sabiendo diferentes, vamos dejando de parecernos a todos.

Este ser humano discriminado y separado de los otros se llama individuo, pero no alcanza con ser un individuo para ser una persona.

Ser una persona es más todavía. Casi todos los seres humanos que conozco han llegado a ser individuos, pocos han llegado a ser personas. Para llegar a ser una persona es necesario asistir y padecer un proceso.

El proceso de convertirse en persona
, como lo llamaba Carl Rogers, es doloroso; implica ciertas renuncias, ciertas adquisiciones y también mucho trabajo personal.

Para autodepender, voy a tener que pensarme a mí
como el centro de todas las cosas que me pasan
.

Autodependencia es un espacio que tiene que ver, a veces, con cierta ingratitud.
Porque la gente autodependiente no es manipulable. Y todo el mundo detesta a aquella gente que no se deja manipular.

Nos encanta pensar que...
“¡Hay cosas que no puedes hacer!”
“¡Hay cosas que no me puedes decir!”
“¡Tu no me puedes decir eso a mí!”

Y digo:
¿Por qué no?
Hay gente que hablando de otro me dice:
“¡No puede ser tan hijo de puta!”

Y yo digo:
¿Por qué no puede? Puede ser así de hijo de puta, más hijo de puta, recontra... ¿Por qué no va a poder serlo? Puede ser todo lo hijo de puta que quiera, ésta es su decisión.

Y será tu compromiso y tu responsabilidad defenderte de este tipo que es una mala persona. Esto es tuyo, no de él.
“¡No, porque él no puede!”
Sí puede.
“Él no debe...”
¿Por qué no debe? ¿A quién le debe? No debe nada.
Es tu responsabilidad. No podemos seguir echándole la culpa
al otro. No podemos seguir creyéndonos esta cosa que ya ni siquiera es una pauta educativa.

Entonces, lo que digo con la palabra “autodependencia” es:
Puedo pedirte ayuda, pero dependo de mí mismo.

Dependo de mis partes más adultas para que se hagan cargo del niño que sigo siendo. Dependo de mis partes más crecidas para que se hagan cargo de mis aspectos más inmaduros.

Dependo de ocuparme de mí.
Dependo de poder ocuparme de ser capaz de depender del adulto que soy sin miedo a que me vaya a abandonar.

Lo que pasa con la gente que sufre es que ha sido abandonada de sí misma. Ha padecido el abandono de sus partes adultas; sus niños han quedado a la deriva, sin nadie que los contenga. Y han tenido que ir a buscar por ahí, a cualquier lado, ayuda, y más que ayuda, dependencia.
Este es un proceso absolutamente reversible. Siempre, siempre.

Tengo que poder darme cuenta que hay un adulto en mí que tiene que hacerse cargo de ese niño en mí. Después de poder depender de mí, después de saber que me tengo que hacer cargo de mis aspectos dependientes, recién entonces buscar al otro.

Para poder ayudarte, pedirte, ofrecerte, para poder darte lo que tengo para darte y poder recibir lo que tu tengas para darme, primero voy a tener que conquistar este lugar, el lugar de la autodependencia.

Y ya que dependo de mí, voy a tener que concederme a mí mismo algunos permisos si quiero ser una persona. Y digo concederme a mí mismo y digo que te concedas a ti mismo y digo que cada uno haga lo propio; porque no hablamos del señor que cometió un error y está preso, de la pobre mujer descerebrada que está en una cama del hospital ni del hombre que agoniza víctima de una enfermedad terminal... Hablamos, en verdad, de nosotros.

Cualquiera que no ostente alguno de estos cinco permisos no es una persona.
Y uno se pregunta, ¿qué es, si no es una persona?...
Será, con toda seguridad, un ser humano, tal vez también un individuo, pero... una persona NO.
Porque, como dije anteriormente, ser persona es mucho más.


1/ Me concedo a mí mismo el permiso de estar y de ser quien soy, en lugar de creer que debo esperar que otro determine dónde yo debería estar o cómo debería ser.


2/ Me concedo a mí mismo el permiso de sentir lo que siento, en vez de sentir lo que otros sentirían en mi lugar.


3/ Me concedo a mí mismo el permiso de pensar lo que pienso y también el derecho de decirlo, si quiero, o de callármelo, si es que así me conviene.


4/ Me concedo a mí mismo el permiso de correr los riesgos que yo decida correr, con la única condición de aceptar pagar yo mismo los precios de esos riesgos.


5/ Me concedo a mí mismo el permiso de buscar lo que yo creo que necesito del mundo, en lugar de esperar que alguien más me dé el permiso para obtenerlo.

Estos cinco permisos esenciales condicionan nuestro ser persona. Y ser persona es el único camino para volverse autodependiente.
Porque estos permisos me permiten finalmente ser auténticamente quien soy.


El primero dice que si yo soy una persona tengo que concederme a mí mismo la libertad de ser quien soy. ¿Qué quiere decir esto? Dejar de exigirme ser el que los demás quieren que sea: el que quiere mi jefe, el que quiere mi esposa, el que quieren mis amigos o el que quieren mis hijos. Ser persona es darme a mí mismo la libertad de ser el que soy.

Es probable que a muchos no les guste que sea el que soy; es probable que cuando otros descubran que soy el que soy —y que además me doy la libertad de serlo— se enojen conmigo.

Todos podemos llegar a ser personas, pero si no empezamos por este permiso, no hay posibilidades; nos quedaremos siendo individuos parecidos a muchos otros individuos que se sienten a sí mismos diferentes, pero que obedecen y pertenecen al club de aquellos que no se dan el derecho de ser quienes son; que intentan parecerse a los demás.


Ser autodependiente significa ser auténticamente el que soy, actuar auténticamente como actúo, sentir auténticamente lo que siento, correr los riesgos que auténticamente quiera correr, hacerme responsable de todo eso y, por supuesto, salir a buscar lo que yo auténticamente crea que necesito sin esperar que los otros se ocupen de esto.

Nada de dejar que los riesgos los corran otros para hacer lo que yo quiero.
Nada de correr riesgos que otros quieren que corra.
Nada de delegar responsabilidades.

Esto determina que yo sea una persona o que no lo sea, y conlleva la posibilidad de quedarse jugando a que se es una persona, es decir, quedarse en el personaje.

Pero atención, ninguno de estos permisos incluye mi derecho a que otro sea como yo quiero, a que otro sienta como yo siento, a que otro piense lo que a mí me conviene, a que otro no corra ningún riesgo porque yo no quiero que lo corra, o a que otro me pida permiso para tener lo que necesita.

Estos permisos no pueden incluir el deseo de que el otro no sea una persona, la intención de esclavizar a otro. Porque mi autodependencia irremediablemente me compromete a defender la tuya y la de todos.

¿Qué pasa con nosotros que cuando amamos creemos que el otro tiene que ser como yo me lo imagino, tiene que sentir por mí lo que yo siento por él, tiene que pensar en mí tanto como yo quiero, no tiene que correr riesgos que amenacen la relación y tiene que pedirme a mí lo que él quiere para que sea yo quien se lo alcance?

Esta es nuestra fantasía del amor, pero este amor esclavizante, mezquino y cruel no es un amor entre adultos.

El amor entre adultos transita y promueve este espacio de autodependencia en el otro, tal como aquí lo planteo.
El amor concede, empuja, fomenta que aquellos a quienes yo amo transiten también espacios cada vez menos dependientes.

Este es el verdadero amor, el amor para el otro, este amor que no es para mí sino para ti, el amor que tiene que ver con la alegría de que existas.

¿Para qué algunos quieren ser dependientes?

A veces, como se creen débiles, piensan que estar bajo el ala de alguien más calificado los protegerá.
Otras veces, para poder echarles la culpa a los demás.
Otras veces, de verdad creen que tienen que pedir permiso. Ni se autoengañan ni les falta coraje ni están enfermos, lo único que pasa es que no han llegado a ser personas. Es un tema de evolución.

A veces no llegan a ser personas porque les da miedo, otras porque no han sido enseñados.
Algunas veces, porque alguien los ha oprimido mucho, y otras, finalmente, porque no saben, simplemente no saben nada de esto que yo estoy diciendo.

Alguien que no se anima a ser quien es por miedo a que lo rechacen, que no se anima a sentir lo que siente porque le parece que está mal, que no se anima a pensar lo que piensa o a decirlo porque tiene miedo de ser rechazado, alguien que no corre riesgos porque no se bancar las responsabilidades y que no sale a buscar lo que necesita sino que se lo pide a otro, alguien así no llega a ser una persona y, por lo tanto, vamos a tener que pensar que es un individuo.

No es ninguna acusación; ser persona no es obligatorio. Lo que yo digo es que para ser persona, lo que tu llamarías persona adulta o madura, para mí es simplemente ser una persona.

Una persona es una persona madura; si es inmadura todavía no ha terminado su proceso de convertirse en persona.

Y esto no es una acusación porque el proceso de convertirse en persona se termina únicamente el día en que uno se muere. Hasta entonces uno puede seguir creciendo y ser cada vez más consciente de sí mismo.

Vivo y aprendo, vivo y maduro, vivo y crezco.

¿QUE CAMINO QUIERES TOMAR?....TU SIEMPRE ELIGES.

un abrazo y mucha luz.

Paola